La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno ha sido relacionada con el clérigo Juan Gómez, autor del Crucificado de La Campana (Sevilla) y discípulo de Martínez Montañés, algo bastante improbable si tenemos en cuenta que, seguramente, fue realizada en el año 1702. González Isidoro cree que muestra rasgos claros de la imaginería jerezana de la primera mitad del XVIII, algo que comparte el profesor González Luque. Se ha vinculado también a la producción de Pedro Roldán y de su hija Luisa, tanto por la documentación que existe del San Juan de la cofradía como por la característica vena, en forma de letra Y, que tiene el Cristo en la sien. Dicha teoría se enlaza con la de José Manuel  Moreno Arana, quien la considera una talla roldanesca pero de la mano de un discípulo del maestro, Ignacio López.
En esta imagen barroca, Cristo porta la cruz sobre su hombro izquierdo. Su mano derecha pretende abrazarse al travesaño, mientras que su izquierda parece apoyarse en el remate del palo largo, como para hacer palanca sobre el hombro y soportar mejor la cruz. El cuerpo cede al peso de ésta, se inclina, se encorva y avanza agotado, adelantando su pierna derecha mediante una gran zancada mientras que la izquierda permanece en retroceso. Cristo aparece representado como un varón de mediana edad, enérgico pero a la vez agobiado por el peso de la cruz, con una expresión entre dramática y resignada, sin estridencias, con la mirada dulce y comprensiva. El rostro presenta perfiles muy acusados y dureza de rasgos en sus volúmenes bien delimitados y ciertas angulosidades en pómulos, nariz, cejas y boca. La cabellera se resuelve a base de largos mechones de tratamiento sumario, sin pormenorizar. La barba, poblada y bífida, es muy característica. Sus manos, de notable perfección anatómica, aparecen crispadas por el esfuerzo realizado al sostener la cruz. Los pies acusan en su tratamiento realístico, al igual que aquellas, todos los huesos, músculos y venas.
Nazareno 1